Trucos para antes de acostarse y que madrugar no sea un caos
Si madrugar ya es bastante malo de por sí, hacerlo en medio del caos, es infinitamente peor. No encontrar nada, descubrir que la camisa que te ibas a poner está en la lavadora o arrugadísima en el armario y un largo etc de improvistos que pueden surgir a esas horas… son todo lo contrario a empezar el día con optimismo y superarlo de buen humor.
Para superar estos desagradables trámites, te “chivamos” algunos trucos para antes de acostarse y que madrugar no sea un caos.
La mala noticia es que todos estos trucos han de hacerse antes de acostarse… Será como lavarse los dientes: un hábito.
1. Tener la habitación ordenada (o al menos que lo parezca)
Tan fácil como difícil, por eso decimos que, al menos, parezca que está ordenada. Simplemente porque genera una sensación de tranquilidad a la hora de acostarse y de levantarse. Es como si tuvieras algo menos que hacer ese día: “recoger la habitación” ¡Hecho! La cama que esté extendida, la ropa colocada en la silla o ¡mejor en el armario!, sin zapatos a la vista, ningún bolso por encima de la mesa con todo tirado al rededor… Créeme, no cuesta tanto si se hace al llegar a casa o antes de acostarse con un poco de música de fondo y ¡listo!
Truco: compra cajas para el almacenaje de las pequeñas cosas que sieeempre están por ahí tiradas. Por ejemplo: cajas para los zapatos, un perchero para detrás de la puerta para los bolsos o mini cajas para dejar lo que vas acumulando en el bolso durante el día.
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2. Superficies despejadas
La mesa del escritorio, la del salón, la mesilla… Verlas con mil cosas encima es de lo que más “mal humor” te pone, sobre todo cuando no sabes donde meterlo, cuando no sacas tiempo para ordenarlo y cuando al final, no sabes ni lo que tienes por ahí. Lo mejor es sacar un ratito por la noche mientras ves la tele para ir ordenándolo y guardarlo en carpetas. Si hay algo importante, agradecerás saber donde está el día que lo vayas a necesitar.
3. Prepara el bolso o lo que vayas a necesitar al día siguiente
Por la mañana vamos con tantas prisas que al final, nos dejamos algo en el tintero. El cepillo de dientes, los cubiertos para el almuerzo, el pen drive con la presentación, los papeles del médico… ¿Por qué no prepararlo por la mañana? Aunque no sepas que ropa te vas a poner y con ello, qué bolso llevarás, no importa, mete todo en uno o déjalo apilado en la mesa. Por la noche siempre estamos más lúcidas para hacer este tipo de cosas y no arrepentirnos al día siguiente. El pinta labios, las gafas de ver, la tarjeta… La otra opción es tener una pizarra o un corcho muy cuqui para poner papelitos, en el que lo apuntes todo ¡todo! y mientas te tomas el café vayas recordando lo que necesitarás en el día.
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4. No dejes nada tirado por el suelo
¿Puedo haber algo más molesto que tropezarse con algo tirado en el suelo? Esto es algo que cabrea mucho cuando andamos por la mañana medio dormidas. Merece la pena dedicar dos minutos (por lo menos) por la noche a recoger todo lo que haya por el suelo y con dejarlo en la mesa, en una silla o en butacón será suficiente para tener un paseo hasta la cocina despejado.
5. Piensa que ponerte la noche anterior
Esto puede que sea de lo que más tiempo te lleve, pero sin duda, es el mejor truco para no romperse la cabeza por las mañanas con el “¿Qué me pongo?” y empezar el día con un humor de perros.
6. Colada lista y ropa separada
Que no se te acumule la ropa sucia por el cuarto, a veces, puede ser todo un reto. La solución es tener un cesto para la ropa sucia (no tiene porqué ser un objeto destinado a ese uso; una caja más o menos grande, también sirve) en el que metas a diario la ropa usada. En el momento que lo veas a tope, sabrás que necesitas poner una lavadora. Si todavía quieres hacerlo más fácil, destina un cesto para la ropa de color u oscura y otro para la blanca.
7. Haz una lista de tareas para el día siguiente
En un cuadernillo, en una libreta, en un papel que pilles por ahí o en el móvil y que además te avise. No hay nada como saber que tienes el día organizado de antemano y que no se te va a quedar nada en el tintero. Una reunión, felicitar a tu prima, cita con la gine, comprar leche… Saca un momento en el día -lo mejor es por la noche-, haz memoria y apunta todo lo que tengas que hacer sí o sí. Te despertarás con esa sensación de calma que tanto anhelas.